A su vez podemos leer, en aquello que está dicho por la autora, una
posición
respecto de la práctica analítica, resignificada desde allí, que incluye una manera de situarse en relación a lo que se considera a veces equivocadamente “ la ultima enseñanza de Lacan ”, en
este caso la lectura no se aleja en el texto, del decir de Freud.
El título mismo acierta en lo relativo a las cuestiones que están en juego, si bien como sabemos, “ l’ un
bévue”- la una equivocación- no concierne solo al amor. ¿ Hay acaso “ una equivocación” que le corresponda
al amor, o el amor como tal no es otra cosa que “ una equivocación” ?
“ L’insu que sait de l’une bévue s’aile à mourre”, si algo compromete este título propuesto por Lacan, si a
algo llama, es a ciertas decisiones de traducción. El lector las va a encontrar variadas, según el contexto de
cada uno de los capítulos, “ el insabido que sabe de la una-equivocación se ampara en el amor”, y “El fracaso
de la una-equivocación es el amor”, los distintos capítulos desarrollan esas dos dimensiones, tanto el amor
como amparo, como el amor como respuesta al fracaso de la una equivocación.
Durante el desarrollo de las reuniones, podemos reconocer algunos ejes, dicho de otro modo, líneas de
fuerza : mencionemos al menos tres:
1-El interés que el tratamiento de la equivocación exige en su articulación con la transferencia, a partir de la
evocación de “ La méprise du sujet suposé savoir ”.
2- El Sínthoma como equivocación.
3- La articulación entre la equivocación y la interpretación a partir de la función de lo escrito.
Seguramente el lector podrá reconocer otros, implícitos en la trama de los desarrollos.
El hecho de la aprehensión de Lalengua, de estar aprehendidos por Lalengua, pone en juego un no-todo en la
lengua y en las lenguas, es condición de existencia del equívoco, estamos- por decirlo de algún modo-,
condenados al equívoco, volviendo inútil, cualquier pretensión unívoca del sentido, con el goce semiótico
que allí habita, donde la una-equivocación encuentra su lugar en la propuesta de Lacan, como la desarmonía
que determina que la práctica analítica, orientada hacia lo real, no se reduzca a la dimensión del sentido.
Cualquier prólogo, que solo tiene la función de invitar al lector a entrar en la trama de los desarrollos, padece
por decirlo de algún modo, de una insuficiencia para dar la medida de la amplitud de lo que allí está dicho, y
mas aún de lo que podemos desprender como decir, que solo es efecto de su lectura. Voy a destacar
entonces, con la salvedad antes mencionada, dos ejes ,reconocibles.
Uno el que hace a las dimensiones de la escritura, el tratamiento de la letra, que concierne a la lectura y la
interpretación, que convergen en la afirmación de Lacan, que indica que la interpretación se especifica por
ser “ poética”, que comprende tanto a Joyce, como el trabajo freudiano acerca de la letra y el sueño, y
particularmente lo que hace a la necesidad de referirse a la escritura china, a partir de los trabajos de
Francois Cheng- referidos al lenguaje poético chino, y la escritura poética china-, desarrollos notablemente
logrados.
Por otra parte, el despliegue de la noción de Lacan, del psicoanálisis, como pudiendo considerarse “ una
estafa”, término que llevó a ciertos malos entendidos. El lector podrá encontrar los distintos contextos donde
Lacan, hace referencia a ese término, en un tratamiento que lo ubica, en su alcance y su precisión.
La posición del analista, depende fundamentalmente de las consecuencias que el discurso analítico, haya
tenido para él, que incluye dar cuenta de su práctica, y llevar al mayor grado posible, el compromiso con la
lectura, y el avance del discurso, este libro da cuenta sobradamente de ambas cuestiones, se puede leer que
en esa dirección está la autora, y en eso estamos.
Gabriel Levy. |